En el Restaurante Abanico Estepona somos muy de tradiciones. Nos encanta el olor a salitre, el ruido de las gaviotas a lo lejos y, sobre todo, ese compás marinero que se respira en cada rincón de nuestro pueblo. Estepona siempre ha mirado al mar, y nosotros, en nuestra cocina, no podíamos hacer otra cosa que rendirle el homenaje que se merece.
Hoy os queremos proponer un plan de esos que alimentan el alma y el estómago. Una tarde perfecta que empieza con un paseo por nuestro puerto y termina, como no podía ser de otra manera, con los pies debajo de una de nuestras mesas. ¡Preparad las cámaras y el apetito!
El espectáculo de la tarde: La llegada de los barcos
Si queréis vivir la Estepona más auténtica, tenéis que dejaros caer por el Puerto Pesquero al final de la tarde. Es el momento mágico en el que los barcos tradicionales regresan a puerto escoltados por las gaviotas, cargados con el tesoro del día. Ver el trasiego de los marineros y respirar ese ambiente de toda la vida es una experiencia que te reconcilia con el mundo. ¡Y las fotos con el atardecer de fondo son de postal!
El respeto al mar: Del agua a nuestras brasas
Esa frescura y ese respeto por el mar es el que intentamos trasladar cada día a nuestra cocina. No hay trampa: cuando el producto es excelente, el trabajo del cocinero es simplemente no estropearlo.
Por eso, nuestro atún a la parrilla es una de las estrellas de la casa. Lo mimamos en la brasa lo justo para que quede sellado por fuera, jugoso y rosado por dentro, manteniendo todo el sabor salvaje del mar. Y si lo acompañamos con unos langostinos al pil pil borboteando en su cazuela de barro, con su toque justo de ajo y guindilla… os aseguramos que se os saltarán las lágrimas de la emoción.
Sentirse como en casa tras la marea
Después de caminar por el puerto, de llenar los pulmones de brisa marina y de fotografiar cada rincón, el cuerpo os va a pedir un refugio. Y ahí es donde el Restaurante Abanico se convierte en vuestro puerto seguro.
Nos encanta recibiros con una sonrisa de las de verdad, tiraros una caña bien fría o recomendaros un buen vino de la tierra que potencie el sabor del pescado. Porque para nosotros, cocinar no es solo servir platos; es compartir nuestra historia, nuestro pueblo y haceros sentir que, aunque estéis de paso, esta también es vuestra casa.
¿Os apuntáis a este paseo marinero? Las barcas ya están en el puerto y nuestras brasas… ¡listas para empezar a rugir!